Todos los días, pasa algo importante, una persona te escribe interesada en lo que ofreces, conoces a alguien en una parrillada del fin de semana que te cuenta su interés en tus productos o servicios, le das tu tarjeta, te quedas con su nombre pero allí queda, porque luego llega el lunes y retomas donde quedaste.
Cuando empieza tu semana contactas a quienes ya tenías en mente, te preguntan el precio, y luego te dicen «déjame lo pienso» y desaparece. Acto seguido tu continúas respondiendo mensajes nuevos, y esas personas quedan ahí, en la conversación de ayer, y en la del fin de semana, sin concretarse en algo que mejore tus ingresos y tu calidad de vida.
Y cada semana se repite la misma historia: prospectos que preguntaron, cotizaciones que enviaste, seguimientos que planeabas hacer «en cuanto tuvieras un momento», ese momento casi nunca llega y esas oportunidades se van olvidando, sin que te des cuenta de cuánto dinero representaban.
Un CRM es, en el fondo, algo muy simple: el lugar donde vive cada uno de esos contactos, con la fecha exacta en la que hablaron contigo, lo que preguntaron, cuándo deberías escribirles de nuevo y un mecanismo automatizado para que ese nuevo mensaje se haga de forma automatizada con un mínimo de tu intervención. Tener un CRM es trasladar de tu memoria a la memoria de tu negocio, es delegar en un mecanismo que esté funcionando todos los días, incluso cuando tú no tienes tiempo de revisarlo.
Cuando actives tu CRM, cada prospecto recibirá seguimiento en el momento correcto. Cada venta que hoy se pierde por olvido se convertirá en una cita agendada, una respuesta enviada a tiempo y un cliente que siente que alguien realmente está pendiente de él.
Tu negocio ya tiene el potencial de vender más. Le falta un sistema que recuerde lo que tú, humanamente, no puedes recordar todo el tiempo.
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